Todo el mundo, al menos una vez en la vida, ha dicho u oído el refrán «más vale prevenir que curar», una frase que se aplica perfectamente a muchos ámbitos, incluido el del patrimonio cultural.
En este artículo hablamos de un enfoque de la salvaguardia de las obras de arte que busca cuidarlas mediante el cumplimiento de medidas preventivas específicas, para no llegar a la necesidad extrema de la restauración: la conservación programada y preventiva.
¿De qué estamos hablando?
Hablamos de un método de gestión y salvaguardia de las obras de arte basado en la prevención y la planificación de las intervenciones.
La salvaguardia del patrimonio cultural y artístico es una gran causa que implica no solo a los profesionales del sector, sino a toda la humanidad. El fin de la conservación es, de hecho, garantizar a las generaciones futuras la transmisión intacta de nuestra memoria, expresada en las más altas manifestaciones del ingenio humano. El primer paso hacia ese objetivo es, sin duda, el respeto por estos bienes.
En las últimas décadas, la atención de quienes trabajan en el sector del patrimonio cultural y artístico se ha desplazado de la restauración a la conservación programada y preventiva. Este método se articula en una serie de operaciones coordinadas y planificadas dirigidas a evitar que se alcancen situaciones peligrosas que puedan comprometer la integridad de la obra y a ralentizar el proceso natural de envejecimiento.
De la legislación a la teoría
La teoría que sustenta esta práctica predictiva se apoya, en Italia, en el Decreto Legislativo 42/2004, el Código de los bienes culturales y del paisaje, en concreto en la Sección II (Medidas de conservación), artículo 29: «Conservación».
El artículo aclara el significado complejo de la conservación, del que derivan los de prevención, mantenimiento y restauración, y establece:
- La conservación del patrimonio cultural se garantiza mediante una actividad coherente, coordinada y planificada de estudio, prevención, mantenimiento y restauración;
- Por prevención se entiende el conjunto de actividades dirigidas a limitar las situaciones de riesgo del bien cultural en su contexto;
- Por mantenimiento se entiende el conjunto de actividades e intervenciones destinadas a controlar el estado del bien cultural y a mantener la integridad, la eficiencia funcional y la identidad del bien y de sus partes;
- Por restauración se entiende la intervención directa sobre el bien mediante un conjunto de operaciones dirigidas a la integridad material y a la recuperación del propio bien, y a la protección y transmisión de sus valores culturales;
Este marco legislativo dibuja en síntesis el método de la conservación preventiva: cuanto más nos alejamos del corazón del decreto, es decir, de la conservación, más directo e incisivo es el impacto sobre las obras de las operaciones necesarias para garantizarla, volviéndose preferiblemente evitables.
La acción indirecta: prevenir con el estudio y la monitorización
Así pues, tras una atenta fase de investigación y estudio, la prevención es la vía maestra para una conservación óptima de las obras de arte.
Prevenir significa ante todo mantener estable el estado de salud de las obras, y la actividad primaria que lo permite es la monitorización tanto de los factores exógenos, como la temperatura, la humedad, la contaminación lumínica y el polvo, como de los endógenos, los relativos al aspecto material, dinámico por naturaleza al estar sometido al flujo enriquecedor e inexorable del tiempo.
El envejecimiento de los materiales constitutivos es un proceso espontáneo e inevitable al que no se puede poner remedio. Sí es posible, en cambio, tomar las riendas de esta carrera contra el tiempo para frenar una dinámica a menudo acelerada por agentes externos.
La primera necesidad es, por tanto, monitorizar y documentar constantemente dos factores: el estado de conservación intrínseco de los bienes y el ambiente en el que se encuentran.
En cuanto a la documentación y monitorización de la obra, el informe de condición es el modelo de referencia. Suele redactarse con ocasión de exposiciones o traslados del objeto, tras una inspección atenta y escrupulosa de los restauradores, que anotan, junto a los datos de la obra, cualquier degradación apreciable en su superficie.
El conjunto de estos documentos compilados a lo largo del tiempo constituye un archivo histórico completo y preciso de la vida conservativa del bien, que conviene consultar periódicamente. Los informes de condición van siempre acompañados de fotografías que certifican ese estado de conservación concreto, y es aquí donde entra la misión de AerariumChain: combinando el escaneo 3D de alta definición, la blockchain y la inteligencia artificial, quiere hacer más seguro y objetivo el delicado y fundamental proceso de monitorización de las obras de arte.
Si te interesa profundizar en el informe de condición y saber más sobre estos valiosos documentos, haz clic aquí y lee nuestro artículo anterior sobre el tema.
Una vez obtenida una imagen del estado de conservación de la obra, la monitorización se extiende a todas las variables ligadas al ambiente que la acoge y que inevitablemente afectan a su piel. Es fundamental estabilizar parámetros como: temperatura y humedad del aire, ventilación e intercambio de aire entre el ambiente interno y el externo, radiación lumínica natural y artificial, y el polvo del entorno.
Para lograr estos objetivos es crucial la aportación de la tecnología, que permite medir y mantener bajo control estos valores con equipos específicos y procedimientos codificados.
La función principal de esta doble acción preventiva es evitar las intervenciones directas; pero allí donde estas medidas no basten, serán necesarias operaciones sobre las obras de la mano de expertos, ya sean de simple mantenimiento o de auténtica restauración.
La acción directa: mantenimiento y restauración
Las operaciones de mantenimiento ordinario y extraordinario, como el desempolvado, la limpieza en seco o pequeñas consolidaciones, buscan mantener sin cambios el estado de conservación de las obras y suelen ser rápidas y mínimamente invasivas. Las primeras se planifican durante la fase de investigación preventiva; las segundas, precisamente por extraordinarias, quedan fuera del espectro de acciones planificadas, pero al no ser excesivamente invasivas pueden realizarse in situ, sin trasladar la obra a un laboratorio de restauración.
Si surgieran, en cambio, problemas de conservación más complejos, habrá que proceder a una restauración ad hoc, dirigida a restablecer la integridad material de la obra para asegurar su transmisión al futuro.
La conservación preventiva y programada se propone, pues, el noble objetivo de mantener sin cambios el estado de salud de las obras, orquestando con rigor sus movimientos y vigilando constantemente las condiciones internas y externas, para alejar la urgencia de intervenciones directas demasiado invasivas.
Un cuidado casi impalpable pero envolvente, que quiere proteger los tesoros del patrimonio cultural con el apoyo de la conjunción virtuosa de la ciencia, la tecnología, la restauración y la historia del arte.
